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«Pero La Habana, por desgracia, es así, tal como es, pese a quien pese. No es posible arrancarle su condición de puerto, su situación de encrucijada, su cosmopolitismo, su inmigración viciosa, sus recovecos propicios, su mezcla de razas, su sol de fuego, todo ese enmarañamiento diabólico de factores y circunstancias que es aquí, entre nosotros, el tablero en que se desarrolla el tenebroso juego del amor y el odio».
Rubén Martínez Villena, Fantoches 1926, VIII, «Vulgaridad absurda y cómica (De cómo un personaje gris dio nombre a este relato)»
A lo largo de 1926 en la revista Social, aparece en entregas mensuales la novela policíaca Fantoches, creación colectiva de once escritores y once ilustradores asociados al Grupo Minorista. Entre ellos figuraban escritores ya consagrados como Carlos Loveira, Alfonso Hernández-Catá y Jorge Mañach, además de talentos jóvenes y activistas políticos como Rubén Martínez Villena, fundador del grupo, abogado defensor de Julio Antonio Mella, y secretario de Fernando Ortiz. A mitad de camino entre la improvisación colectiva de los surrealistas y la novela detectivesca inglesa, Fantoches 1926 constituye una obra única, mosaico de las actitudes y corrientes intelectuales en un momento crucial de las artes y letras cubanas, cuando las vanguardias europeas y los movimientos socio-políticos autóctonos se conjugan en una alquimia que generaría la obra madura de los escritores y artistas de los años treinta.
De tono francamente irreverente, la novela traspasa las fronteras entre el espacio ficcional y el real al incorporar a los escritores como personajes, y al incluir ensayos paralelos a la trama detectivesca.
La insólita irrupción del tema afrocubano a mitad de la trama, en una revista dedicada a la alta sociedad, se anticipa a la temática de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Amadeo Roldán, Alejando García Caturla, Gonzalo Roig y Wifredo Lam, figuras descollantes que labraron una expresión auténticamente cubana.
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