(de la Contratapa) El Matadero traza una escena característica de
la terrible época de la Argentina previa a su institucionalización
como República democrática. Esteban Echeverría transportándonos al lugar y
a la época nos hace asistir a ella, y vivir el clima de opresión
contra el cual luchó, y que finalmente fuera derrocado por Urquiza
para dar lugar al proyecto de país que soñaban Alberdi,
Mitre y Sarmiento, entre tantos otros.
El Matadero nació, pues, como un panfleto político.
Sin embargo la calidad de su prosa le ha hecho trascender su propósito
original y convertirse en una joya útil para el estudio de las costumbres
que constituyen el alma de la historia.
En su momento la crítica observó que estas páginas no fueron
escritas para publicarse, por la precipitación y el desnudo realismo de
su redacción. Curiosamente en ese defecto se basa su mayor virtud, al adelantar
a su autor en el tiempo y salvar su obra de los vaivenes de la moda.
Echeverría para esta «nouvelle» (quizás sería
más preciso llamarlo cuento largo) al decir de su amigo Juan María
Gutiérrez «se asemeja a un pintor que abre su álbum
para consignar en él con rasgos rápidos y generales, las escenas
que le presenta una calle pública para componer más tarde un cuadro
de costumbres en el reposo del taller».
Esta línea de este pensamiento nos resultó tentadora, e incluimos
en esta edición la elegante y ocurrente Apología del
matambre. Porque si los croquis pictóricos son valorados
porque permiten traslucir el genio del autor, la Apología del
matambre pinta al Echeverría, autor del
Dogma Socialista y simultáneamente
amigo de Juan Bautista Alberdi, de cuerpo entero.
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