Uno de los mejores libros de viajes surgido de una pluma argentina es «
Viajes
por Europa, Africa y Norteamérica « 1845/1847»
de
Domingo Faustino Sarmiento. Al momento de partir para Europa,
Argelia y Norteamérica, Sarmiento, de 34 años, ya había
escrito «
Facundo»
, sufrido el exilio político
en dos ocasiones, y era poseedor de un bagaje cultural único en las repúblicas
del Sur recientemente independizadas del sistema colonial Español.
Su amigo chileno
Manuel Montt «a la sazón Ministro
y luego Presidente de Chile« le había encomendado, en las palabras
del mismo Sarmiento, «analizar las instituciones que retardan o impulsan
sus progresos".
Los "
Viajes...", redactados en cartas dirigidas
a diferentes destinatarios, narran las impresiones y experiencias de las etapas
del periplo - Montevideo, Río, París, España, Argelia,
etcétera - así como las reflexiones que suscitan en el autor.
Su conocimiento directo de la dictadura argentina, completado con el de la guerra
civil y el asedio de Montevideo, le conducen a preguntarse las razones del arraigo
de lo que ahora llamamos caudillismo y de la lucha de facciones que desgarran
la América hispana: la proliferación de bandas armadas a cuyos
jefes podríase calificar de gauderios (esto es holgazanes) "
si
en lugar de cantar como la cigarra no se entretuvieran en derramar sangre".
Sólo el comercio europeo y la llegada de nuevos inmigrantes pueden, en
su opinión, inyectar vida a un sistema corrupto y condenado a reiterarse
por gentes que creen porque no se esfuerzan en pensar.
La barbarie
Su amarga denuncia de "
la barbarie incurable de nuestras campañas
argentinas" - arreciada por la brutalidad arbitraria en la escala
en Montevideo - se funda en la convicción - previa a su experiencia personal
en la Península - de que la herencia española - "
la de
un pueblo feroz, andrajoso y endurecido en la ignorancia y la ociosidad"
- es un veneno del que habrá que curarse gracias al progreso industrial
y a la libertad de comercio e ideas. Los cambios que observa en las ciudades
de Iberoamérica, son puramente superficiales: "
Los hijos de
los españoles quisieran asimilarse la industria del extranjero y conservar
paria al industrial; la máquina sin el artífice, el espíritu
sin espontaneidad [...]
la libertad de hacer el mal, sin la libertad
de contenerlo. Todas las constituciones americanas lo gritan así sin
pudor, y la prensa y la opinión hacen coro a esta reclamación
del suicidio que llaman derecho y la muestra más clara de su independencia".
La coincidencia de tales críticas con las formuladas antes por
Blanco
White es realmente notable, aunque la extraterritorialidad del pensamiento
del último - ninguneado por sus compatriotas y casi desconocido para
los americanos dado el escaso poder de difusión de sus publicaciones
londinenses - vedará a
Sarmiento la posibilidad de calar
en una obra que hubiese enriquecido sin duda la suya: el contacto con un español
distinto, y en verdad único, como podemos advertir hoy desde nuestra
actual perspectiva.
"
¿Por qué la raza sajona tropezó con este pedazo
de mundo [Norteamérica]
que tan bien encuadraba con sus instintos
industriales, y por qué a la raza española le cupo en suerte la
América del Sur, donde había minas de plata y de oro e indios
mansos y abyectos, que venían de perlas a su pereza de amo, a su atraso
e ineptitud industrial?" (
Sarmiento,
Viajes...).
«
Viajes» transmite las impresiones
de
Sarmiento sobre los diversos temas que le preocupaban. Desde
el dominante de la «
esclavatura», como llamaba el sanjuanino
a la esclavitud, hasta el omnipresente sexo. La religión, las difíciles
relaciones anglonorteamericanas; la guerra de México; la decadencia española
y su influencia sobre América Latina; la distinta evolución social
y política a ambos lados de la cordillera; Rosas, San Martín y
Washington; así como el temprano progreso tecnológico norteamericano,
que tanta admiración y envidia le provocaban.
Sarmiento, a través del viaje a los Estados Unidos en
1847 y más tarde su embajada en ese país, fue el primer argentino
que tuvo la oportunidad de conocer, admirar y divulgar los enormes progresos
del gran país del norte. Esto, y la adopción de sus métodos
educativos, constituyeron la columna vertebral del progreso Argentino inspirado
por la llamada «generación del '80» .
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