La década de los años '90 constituye para América
latina una suerte de frustración colectiva.
Esto es más patente en quienes consideramos al liberalismo como el sistema
más justo de convivencia social.
A los inicios auspiciosos siguió una práctica poco clara, con
controles poco transparentes y, en general, incremento del gasto público
para alimentar sistemas políticos corruptos y clientelistas. Esta situación
«de expectativa de imperio de la Verdad frustrada por los hechos políticos«
remite inmediatamente a las elucubraciones que
Juan Bautista Alberdi
vertiera en su obra
«Peregrinación
de Luz el Día, o Viajes y aventuras de la Verdad en el Nuevo Mundo».
Como agudo publicista que era, Alberdi identificó a sus villanos con
los más reconocibles de su época:
Tartufo,
don Basilio de Sevilla,
Gil Blas de Santillana.
Desgraciadamente hoy la hipocresía, la mala fe y la vileza son prácticas
políticas más o menos explícitas, por lo cual han perdido
su capacidad de ocultamiento. Ahora la artimaña se disfraza de
«pragmatismo»
y de
«idealismo».
Estas trampas son mucho más difíciles de detectar ya que su maldad
reside en la acromegalia de sus características positivas. En consecuencia
hace falta volver a las fuentes, y comprender cómo es en las ideas de
Kant y
Hegel donde reside la justificación
del totalitarismo, cómo la concepción Rousseauniana plasmó
el transformismo iluminista por el cual la palabra de Dios fue reemplazada por
la Voluntad del Pueblo para avalar absolutismos y despreciar las libertades
individuales, y cómo a partir de las concepciones fisiócratas
se logra el apoyo de las teorías de
Marx o las extrapolaciones
caprichosas de los postulados de
Keynes.
Es en ese sentido que apunta el agudo análisis del
Dr. Armando
Ribas, del cual emana una claridad indispensable para entender las
nuevas trampas intelectuales que la «industria política»
tiende al ciudadano Latinoamericano de buena fe.
Si Alberdi viviera hoy es posible que en la magnífica conferencia final
que escribió para
«Luz
del Día» hubiera agregado al hallazgo de las
diferencias básicas entre Libertad e Independencia «ocultas adrede
por los «
Libertadores»«, la falsedad de la dicotomía
entre el idealismo y el pragmatismo cuando ambos son extremos que pretenden
justificar la postergación del individuo frente a la masa.
Como a su agudeza no hubiera escapado la nueva trampa tendida a la Verdad al
obligarla a optar entre «Príncipe o Principito», sirva entonces
este libro como una
addenda en su homenaje.
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