El viejo, el asesino, yo y otros cuentos reúne nueve cuentos y un testimonio de
Ena Lucía Portela, quien se diera a conocer a principios de la década del noventa junto a otros narradores cubanos conocidos como los «
novísimos».
Los textos incluidos en la presente compilación, la primera que aparece de los cuentos de
Portela, fueron publicados previamente en dos colecciones y algunas revistas, todos ellos dados a conocer entre 1993 y 2008.
El volumen cierra con un testimonio,
Alas rotas, publicado por primera vez en 2008.
Un cortometraje basado en su cuento
El viejo, el asesino y yo, ganador en 1999 del
Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, y que da título a esta compilación, será presentado próximamente en el
Festival de Cine Pobre, de
Gibara,
Cuba.
Aparte de ser muy amenos, estos cuentos aportan claves para el conocimiento y disfrute del conjunto de su obra.
El norte de la obra de
Portela es la literatura, alrededor de la cual giran algunos de los textos. Hay numerosas alusiones a libros y autores de todas las épocas, a las artes plásticas, al cine y a la música. Se trata de una literatura culta, pero accesible; seria y lúdica a la vez. La Cuba de hoy aparece como telón de fondo en la narrativa, mas no de una manera burda o panfletaria. Aun la crítica se pone al servicio de la intención literaria.
El prólogo de
Iraida H. López ofrece un panorama de la narrativa breve en Cuba desde 1959, deteniéndose en la generación de los noventa. Esboza también no sólo los temas recurrentes en los cuentos de la antología, sino algunas de las estrategias utilizadas por la autora para perseguir sus propósitos. Los cuentos llevan más de una centena de notas a pie de página, en cuya redacción colaboraron López y Portela. Las notas combinan el comentario académico con el personal.
Ver
reseña de Madeline Cámara en La Habana Elegante
- Spring/Summer 2010.
Valoraciones sobre la obra de Ena Lucía Portela
«El pájaro: pincel y tinta china es una novela que persigue hacer pensar y divertir. Que busca a tientas, con dificultad y con pericia, su propia estructura, la armazón de un mundo en un sistema verbal. Porque a Ena Lucía Portela le importan sobre todo las palabras, la poesía de las palabras, y, por supuesto, el intento soberbio de llegar con ella lo más cerca posible de la perfección.»
Abilio Estévez
«La sombra del caminante es «una novela sobre el castigo y la culpa, sobre el mal y la imposibilidad de salvarlo. La eficacia narrativa y la excelencia de la escritura confluyen aquí para conservar el abismo, narrarlo con todos sus detalles y las palabras, sin omitir ninguno de sus registros, ninguna de sus sombras.»
Waldo Pérez Cino
«a diferencia de otros textos de la última década del pasado siglo, donde se mitifica la desmitificación de la Revolución de modo casi documental o hace gala el monotemático «realismo sucio», Cien botellas en una pared derriba los tabúes de una manera desenfadada, con un exquisito humor, sin univocidad obsesiva, pero ostentando al mismo tiempo un amplio diapasón escritural, desde locuciones coloquiales y dichos populares hasta juegos intertextuales y manifestaciones de biculturalidad.»
Emilia Yulzarí
«Como si fuéramos a entrar en un circo o al Gran Teatro del Mundo, así tendríamos que leer la historia que nos propone Ena Lucía Portela en su última novela, Djuna y Daniel. En una narrativa, la cubana, que, a despecho de tanto mito sobre el temperamento alegre del insulano, (con muy pocas excepciones) es plúmbea, sombría o, sencillamente, pesada, esta novela viene a ofrecer como un soplo de graciosa trivialidad, como si leyéramos una comedia (con melodrama incluido); una comedia que nada tiene que ver con Cuba.»
Jorge Luis Arcos
«
El viejo, el asesino y yo, cuento ganador del prestigioso Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, en 1999, es lo más cercano a la idea de la perfección. Bien escrito, indudablemente bien escrito, nos va hechizando, deslizándose «como una serpiente», atrapándonos en el triángulo no tradicional de dos hombres que tienen una relación amorosa y una muchacha que pretende a uno de ellos: el viejo, centro del conflicto. Historia de seducciones y pasiones, narrada como si no fuera ficción «acaso no lo es«, tiene un final inesperado que se ha ido construyendo desde las primeras oraciones hilvanadas sabiamente por el personaje que es la narradora, autoconsciente y perspicaz, irónica y suavemente perversa.»
Elizabeth Díaz González
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