El libro de
Sarmiento sobre el general
Ángel Vicente Peñaloza, el «Chacho», debe inscribirse entre los testimonios de las dificultades que habitualmente enfrenta la
«civilización» para interactuar con la
«barbarie» sin perder su condición.
En 1862, al momento de ser designado Sarmiento gobernador de San Juan, la zona se hallaba convulsionada por la rebelión del
"Chacho" quien, invocando el recuerdo de su campaña al lado del
general Lavalle, se había alzado contra el gobierno nacional en la confianza de que
Urquiza lo apoyaría aún cuando esto le significara traicionar principios constitucionales que había jurado acatar.
La posición de
Sarmiento no era sencilla: su íntimo amigo
Aberastain, quien lo precediera en la gobernación, había sido recientemente asesinado por secuaces de
Juan Saa, otro caudillo montonero quien gobernaba la provincia vecina de
San Luis.
La movida política del presidente
Bartolomé Mitre fue sabia: al mandar a Sarmiento, un sanjuanino prestigioso y con gran respeto por los derechos individuales, se aseguraba tanto el apoyo de las fuerzas vivas locales como la contribución de un infatigable luchador por la causa de la
«civilización».
Al momento de la captura de Peñaloza Sarmiento ya había dejado la conducción de la guerra y no ordenó ni fue responsable directo del episodio, pero de todos modos el hecho de haber recibido en San Juan con honores al mayor
Pablo Irrázabal luego del fusilamiento sin un juicio apropiado, sumado al antecedente de cartas anteriores escritas en momentos de dolor y rabia luego del asesinato de Aberastain, decidieron a Mitre a sacarlo del medio, pedirle la renuncia a la gobernación en 1864 y enviarlo en misión diplomática a Chile, Perú y Estados Unidos.
Esto resultó en un don inesperado, ya que Sarmiento volvió a la Argentina como presidente electo «in absentia» para liderar uno de los períodos de mayor progreso en la historia del país.
Este libro, junto al
«Facundo, civilización y barbarie», representan la mirada de una persona de extraordinaria inteligencia contreñida por su propia
«civilización» sobre dos de los más prominentes representantes de la
«barbarie».
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