Leopoldo Alas (Clarín)
Author
Nationality: Spain
Biography
Leopoldo Alas
«Clarín»
(1852-1901)
Novelista, cuentista, y periodista, escribió crítica, teoría literaria y temas políticos.
A la altura de Pérez Galdós, es uno de los grandes novelistas españoles del siglo XIX.
Su persona y su obra están asociadas con Asturias, concretamente con la ciudad de Oviedo, a donde se trasladó en 1865, y donde estudió el bachillerato. Vivió en Madrid de 1871 a 1878, estudiando Derecho, en lo cual se doctoró. En 1883 de regreso en Asturias ocupó en la Universidad la cátedra de Derecho Romano, y cinco años después también la de Derecho Natural.
Em Madrid comenzó a escribir artículos periodísticos, de pensamiento filosófico, religioso, político y literario.
Para entender mejor su postura expresada en estos artículos y en sus escritos en general, debe recordarse que Clarín estudió en una Universidad donde los maestros más estimulantes eran los seguidores del filósofo alemán Karl Krause.
El krausismo influyó en Clarín avivando una innata inclinación idealista, orientando su vida intelectual hacia la búsqueda de un sentido espiritual y metafísico de la existencia. Clarín fue el heredero de Mariano José de Larra, en cuanto que buscaba, como el escritor romántico, un sentido racional a la vida. Ambos preceden a los modernistas en la preocupación por las formas y en el culto de la belleza.
El interés intelectual, crítico, krausista, da un sentido especial a sus obras; pero también se suman otros elementos de la filosofía de la época, especialmente de la corriente positivista, del realismo y del naturalismo.
Si el krausismo le demarcó el horizonte ético e intelectual, la corriente positivista del realismo y el naturalismo le proporcionó una forma de aislar y examinar al ser humano de su tiempo. Todo esto le sirvió de instrumento para la creación literaria y, con la excepción de Galdós, supo volcar el resultado al Español Castellano mejor que nadie.
El tono moralista de Alas aparece reforzado por su desengaño ante la sociedad de su época.
Sus artículos periodísticos y su crítica en general llamaron la atención sobre la problemática del país; y sus novelas dramatizaron la situación de una nación cuya vida política y social vivía momentos de apatía y confusión.
Al perder las colonias de América, España cayó en una carencia de ánimo quedando fuera de la revolución industrial que transformó las grandes naciones europeas: y Clarín vivió de cerca los tres acontecimientos dramáticos de la historia española: la revolución liberal de 1868, la Restauración y la pérdida de las últimas colonias, en 1898.
Prolífico escritor y periodista, sus escritos críticos rezuman una punzante ironía, que se ensañó en cuantos escritores de mal gusto cayeron bajo su lupa, aunque también supo ensalzar los méritos de quienes lo merecían. Sus críticas de las novelas de Galdós constituyen el primero y auténtico estudio moderno: su talento analítico y su modernidad conceptual sirvieron para elevar la figura del novelista a la categoría de maestro, a la vez que descubrían en él una veta crítico-teórica. En Galdós (1912) –libro fundacional de la crítica galdosiana– se recogió mucho de lo escrito sobre este autor.
La mejor crítica de Clarín se encuentra en Solos de Clarín (1881), La literatura en 1881 (1882; en colaboración con Armando Palacio Valdés), Sermón perdido (1885), Folletos literarios (1886-91), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1888), Ensayos y revistas (1892), Palique (1893), y Siglo pasado (1901). Varios investigadores han recogido la obra periodística del autor: Preludios de Clarín (1875-1880) (Jean-François Botrel, 1972), Obra olvidada, artículos de crítica (1882-1901) (Antonio Ramos-Gascón, 1973) y Clarín político, tomos I y II (artículos dedicados a temas sociales y políticos, escritos entre 1875-1901, Yvan Lissorgues, 1980). Los prólogos de Leopoldo Alas fueron recogidos por David Torres (1984).
La agresividad crítica de Clarín contrasta con la cautela de su labor creadora. Comenzó escribiendo cuentos cortos, y la primer obra de aliento fue Pipá (1879), novela corta naturalista, que presenta en germen personajes que aparecerán luego en La Regenta (1884-85). La Revista de Asturias publicó entre abril y junio de 1880 tres capítulos de Speraindeo, primer intento de novela, que nunca llegó a terminar.
Su segunda novela, Su único hijo (1890), es otra obra maestra; aunque menor que La Regenta a la que iguala en el uso brillante de los recursos técnicos. La novela asimila perfectamente el legado del teatro, y dramatiza la realidad en una intensa representación de los sucesos.
Entre los muchos y muy buenos cuentos y novelas cortas que escribió Alas: El Señor y lo demás son cuentos (1892), Doña Berta, Cuervo y Superchería (los tres de 1892) y Cuentos morales (1896) son, posiblemente, los relatos más notables de la literatura española de su tiempo.
En el teatro, sin embargo, el estreno de Teresa (1895) fue un fracaso.
«Clarín»
(1852-1901)
Novelista, cuentista, y periodista, escribió crítica, teoría literaria y temas políticos.
A la altura de Pérez Galdós, es uno de los grandes novelistas españoles del siglo XIX.
Su persona y su obra están asociadas con Asturias, concretamente con la ciudad de Oviedo, a donde se trasladó en 1865, y donde estudió el bachillerato. Vivió en Madrid de 1871 a 1878, estudiando Derecho, en lo cual se doctoró. En 1883 de regreso en Asturias ocupó en la Universidad la cátedra de Derecho Romano, y cinco años después también la de Derecho Natural.
Em Madrid comenzó a escribir artículos periodísticos, de pensamiento filosófico, religioso, político y literario.
Para entender mejor su postura expresada en estos artículos y en sus escritos en general, debe recordarse que Clarín estudió en una Universidad donde los maestros más estimulantes eran los seguidores del filósofo alemán Karl Krause.
El krausismo influyó en Clarín avivando una innata inclinación idealista, orientando su vida intelectual hacia la búsqueda de un sentido espiritual y metafísico de la existencia. Clarín fue el heredero de Mariano José de Larra, en cuanto que buscaba, como el escritor romántico, un sentido racional a la vida. Ambos preceden a los modernistas en la preocupación por las formas y en el culto de la belleza.
El interés intelectual, crítico, krausista, da un sentido especial a sus obras; pero también se suman otros elementos de la filosofía de la época, especialmente de la corriente positivista, del realismo y del naturalismo.
Si el krausismo le demarcó el horizonte ético e intelectual, la corriente positivista del realismo y el naturalismo le proporcionó una forma de aislar y examinar al ser humano de su tiempo. Todo esto le sirvió de instrumento para la creación literaria y, con la excepción de Galdós, supo volcar el resultado al Español Castellano mejor que nadie.
El tono moralista de Alas aparece reforzado por su desengaño ante la sociedad de su época.
Sus artículos periodísticos y su crítica en general llamaron la atención sobre la problemática del país; y sus novelas dramatizaron la situación de una nación cuya vida política y social vivía momentos de apatía y confusión.
Al perder las colonias de América, España cayó en una carencia de ánimo quedando fuera de la revolución industrial que transformó las grandes naciones europeas: y Clarín vivió de cerca los tres acontecimientos dramáticos de la historia española: la revolución liberal de 1868, la Restauración y la pérdida de las últimas colonias, en 1898.
Prolífico escritor y periodista, sus escritos críticos rezuman una punzante ironía, que se ensañó en cuantos escritores de mal gusto cayeron bajo su lupa, aunque también supo ensalzar los méritos de quienes lo merecían. Sus críticas de las novelas de Galdós constituyen el primero y auténtico estudio moderno: su talento analítico y su modernidad conceptual sirvieron para elevar la figura del novelista a la categoría de maestro, a la vez que descubrían en él una veta crítico-teórica. En Galdós (1912) –libro fundacional de la crítica galdosiana– se recogió mucho de lo escrito sobre este autor.
La mejor crítica de Clarín se encuentra en Solos de Clarín (1881), La literatura en 1881 (1882; en colaboración con Armando Palacio Valdés), Sermón perdido (1885), Folletos literarios (1886-91), Nueva campaña (1887), Mezclilla (1888), Ensayos y revistas (1892), Palique (1893), y Siglo pasado (1901). Varios investigadores han recogido la obra periodística del autor: Preludios de Clarín (1875-1880) (Jean-François Botrel, 1972), Obra olvidada, artículos de crítica (1882-1901) (Antonio Ramos-Gascón, 1973) y Clarín político, tomos I y II (artículos dedicados a temas sociales y políticos, escritos entre 1875-1901, Yvan Lissorgues, 1980). Los prólogos de Leopoldo Alas fueron recogidos por David Torres (1984).
La agresividad crítica de Clarín contrasta con la cautela de su labor creadora. Comenzó escribiendo cuentos cortos, y la primer obra de aliento fue Pipá (1879), novela corta naturalista, que presenta en germen personajes que aparecerán luego en La Regenta (1884-85). La Revista de Asturias publicó entre abril y junio de 1880 tres capítulos de Speraindeo, primer intento de novela, que nunca llegó a terminar.
Su segunda novela, Su único hijo (1890), es otra obra maestra; aunque menor que La Regenta a la que iguala en el uso brillante de los recursos técnicos. La novela asimila perfectamente el legado del teatro, y dramatiza la realidad en una intensa representación de los sucesos.
Entre los muchos y muy buenos cuentos y novelas cortas que escribió Alas: El Señor y lo demás son cuentos (1892), Doña Berta, Cuervo y Superchería (los tres de 1892) y Cuentos morales (1896) son, posiblemente, los relatos más notables de la literatura española de su tiempo.
En el teatro, sin embargo, el estreno de Teresa (1895) fue un fracaso.