Juana Mercedes Cabello Llosa, más conocida como Mercedes Cabello de Carbonera nació en Moquegua el 17 de febrero de 1842 y murió en Lima el 12 de octubre de 1909.
La escritora moqueguana perteneció a una clase social y cultural privilegiada. Del acceso a las ricas bibliotecas personales de su padre y de su tío, deriva su formación educativa y su calificativo de autodidacta.
Después que su familia se traslada a Lima en 1864, Mercedes Cabello contrae matrimonio con el doctor Urbano Carbonera en 1866 (Pinto, 127-31). Estando todavía casada publica sus primeras obras en prosa y en verso con el pseudónimo de MC: «La linterna májica» en 1872 y «Limosna» en 1874 (Pinto, 135-36). En 1874, bajo su propio nombre publica su primer ensayo titulado «La influencia de la mujer en la civilización» donde revela su postura feminista y propugna su defensa a favor de la educación de la mujer finisecular.
La labor fundacional de la obra de Mercedes Cabello de Carbonera se encuentra en su novelística:
Los amores de Hortensia (188?-1887),
Sacrificio y recompensa (1886)
Eleodora (1887),
Blanca Sol (1889),
Las consecuencias (1889) y
El conspirador (1892). Cabello de Carbonera, escritora comprometida con la época que le tocó vivir, delinea en sus novelas las enfermedades del siglo, y por medio de la crítica social que permea su obra, deja como legado al pueblo peruano y a la sociedad limeña en particular, una visión del futuro que vislumbra una sociedad más justa.
Propulsora de la corriente filosófica del positivismo de Augusto Comte, propugna la educación laica, los principios científicos y el ideal del progreso. Es precisamente en el discurso, «Los exámenes», pronunciado en el Liceo Fanning en 1898, donde expone sus ideas a favor de la educación laica, contra la corrupción del clero y el fanatismo religioso que se infiltraban en los institutos católicos de educación.
Sus ideas positivistas y su aguda crítica social en un período aún dominado por el eco romántico y la tradición colonial (Sánchez, 1103) le valieron duros y encarnizados ataques, especialmente de parte de sus congéneres. Sin embargo, en las últimas décadas la crítica literaria contemporánea ha contribuido a dejar atrás el injusto relego al que Cabello de Carbonera fuera condenada en el siglo pasado.