José Eugenio Díaz Castro, por su posición familiar (era hijo de hacendado), social (pertenecía a la «nobleza» del área) y cultural (estudió en el San Bartolomé para abogado civil durante seis años, y cumplió con todos los requisitos que determinaba la legislación para obtener el título de bachiller en derecho civil) «estaba muy lejos de ser el campesino inculto que Vergara difundió, mediante labores (retóricas, ideológicas y sociales) con la finalidad de silenciar su fuerte y problemática voz y anular su pensamiento lúcido y sólido e ideológicamente opuesto.
Díaz Castro fue el ideólogo del periódico literario
El Mosaico, que se convirtió en uno de los medios de difusión más importantes de la literatura de Colombia en la segunda parte del siglo XIX; para lanzar y solidificar la publicación, ofreció el texto de
Manuela. Novela bogotana. Fue tanto un gran lector y profundo conocedor de la naturaleza humana, como «un agudo y perspicaz observador de la vida social y política». Nunca adscribió su quehacer literario al «costumbrismo»; en su estructura y composición se conjugaron el Realismo francés de medio siglo, el liberalismo y el socialismo, para producir una novela de crítica social que revela los misterios de pobreza, crimen e injusticia social que la ambición, la concupiscencia, el deseo desaforado de control de los miembros de las clases altas, así como la inercia y el desinterés de los capacitados producían en las clases medias y bajas. De esta manera, la realidad de la región que servía como referente, se hacía incuestionable real y manifiesta, clamando por serias reformas sociales.
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