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Uno de los mejores libros de viajes surgido de una pluma argentina es
«Viajes por Europa, Africa y Norteamérica « 1845/1847» de
Domingo Faustino Sarmiento.
Al momento de partir para Europa, Argelia y Norteamérica, Sarmiento, de 34 año, ya había escrito «Facundo», sufrido el exilio político en dos ocasiones, y era poseedor de un bagaje cultural único en las repúblicas del Sur recientemente independizadas del sistema colonial Español.
Su amigo chileno Manuel Montt «a la sazón Ministro y luego Presidente dfe Chile« le había encomendado, en las palabras del mismo Sarmiento, «analizar las instituciones que retardan o impulsan sus progresos".
En sus «Viajes¿€_» Sarmiento transmite sus impresiones y cuidadosamente describe tanto sus pensamientos, como anécdotas, descripciones y hasta el detalle minucioso de sus gastos «hasta las «orgías» son contabilizadas«.
Sin embargo hay un detalle particular que enciende la imaginación: pese al registro desfachatado de detalles y gastos existe una incongruuencia notoria. Sarmiento «no recuerda» el nombre de cierta dama norteamericana quien lo ayudó con una suma cuando se encontró sin dinero en medio de Pennsylvania.
Cómo el cuidadosos y altamente educado Sarmiento se demuestra como ingrato olvidadizo de su benefactora ocasional? Podría estar ocultando caballerosamente el nombre de una dama cuya reputación podría llegar a dañar?
Juan Carlos Casas cree que esa preocupación sólo puede provenir de la necesidad de mantener oculto un affair amoroso, cuyo ocasión sería durante la misteriosa brecha de información que oculta los cinco días del viaje en diligencia y barco hasta Cincinnati.
Casas llena el vacío basándose en los poquísimos datos que un reservado Sarmiento desliza en su relato, mientras mantiene el ritmo y atractivo de los temas que atraían la atención de los viajeros, desde el dominante de la «esclavatura», como llamaba el sanjuanino a la esclavitud, hasta el omnipresente sexo. La religión, las difíciles relaciones anglonorteamericanas; la guerra de México; la decadencia española y su influencia sobre América Latina; la distinta evolución social y política a ambos lados de la cordillera; Rosas, San Martín y Washington; así como el temprano progreso tecnológico norteamericano, que tanta admiración y envidia le provocaban.
Sarmiento, a través del viaje a los Estados Unidos en 1847 y más tarde su embajada en ese país, fue el primer argentino que tuvo la oportunidad de conocer, admirar y divulgar los enormes progresos del gran país del norte, amén de adoptar sus métodos educativos.
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