Author
Biography
José María de Pereda y Sánchez Porrúa
(1833-1906)
Escritor realista y costumbrista español nacido en Polanco
(Cantabria) el 6 de febrero de 1833.
Desde niño dio muestras de trastornos nerviosos que se fueron agravando
con los años y cuyos síntomas describe en su novela “Nubes
de estío”.
Perteneciente a una familia católica y tradicionalista, recibe la influencia
de sus padres, preferentemente de la madre, y se ve protegido en su juventud
su hermano mayor Juan Agapito.
Pese a no tener un empleo fijo, desde su juventud y a partir de su casamiento
pudo unir su afición literaria a los negocios, y la literatura fue un
complemento económico importante al ser uno de los escritores más
leídos de la Restauración
Después de acabar el bachillerato en Santander, ingresó en la
Escuela de Artillería de Madrid, pero la abandonó por la literatura.
Estando en Madrid fue testigo de la revolución de 1854 en la que estuvo
a punto de perder la vida por el tiroteo originado en las calles, sucesos que
relata con detalle en su novela “Pedro Sánchez”.
Durante su estancia escribe una obra de teatro, La fortuna en un sombrero (1854),
comedia que quedó inédita, donde aparece el tema del idilio, el
matrimonio de conveniencia y el caso de la joven sacrificada por el matrimonio
para salvar la economía familiar.
Tras el fracaso en sus estudios, la oportunidad se le presentó al aparecer
en Santander el diario La Abeja montañesa,
en la que se estrena con el artículo “La gramática
del amor”. Sus primeros escritos suelen ser anónimos,
firmados por la inicial de su apellido o con el pseudónimo “Paredes”
. Por lo general, son artículos de crítica teatral, sobre las
comedias y zarzuelas que pasaban por el teatro de Santander, colaboraciones
de carácter costumbrista o sobre la vida local. Aunque sin valor literario,
le sirvieron para reconocer los temas que luego empleará en sus libros
y que evidencian su gran afición por el teatro.
En 1862 prologa, firmando “Paredes”, el libro Ecos
de la Montaña del poeta Calixto Fernández
Camporredondo, lo cual indica que ya gozaba de prestigio en Santander
como hombre de letras .
Al año siguiente, con el mismo pseudónimo, colaboró en
el Almanaque ilustrado de la Abeja Montañesa,
en el que publicó el artículo “Júpiter.
Su vida y milagros” y “El arquero”.
Algunos de los cuadros costumbristas publicados en la sección del folletín
de La Abeja, pasaron luego a sus libros.
Dentro de esta etapa periodística coinciden sus tentativas en el campo
teatral con obras cómico-líricas de carácter costumbrista:
“Tanto tienes, tanto vales” (1861); “Palos
en seco” (1861), “Marchar con el siglo”
(1863), “Mundo, amor y vanidad” (1863).
El escaso valor de estas obras primerizas hizo que sólo se dieran a conocer
(salvo alguna que llegó a estrenarse) con el título de Ensayos
dramáticos en una edición restringida, en 1869,
con destino a sus amigos. Ya para entonces Pereda había logrado un prestigio
literario a raíz de la publicación en 1864 de su primer libro,
“Escenas montañesas”.
Prueba del prestigio que le otorgó su primera obra es que, sin dejar
de escribir en la prensa santanderina, empieza a publicar en 1864 en el prestigioso
periódico madrileño El Museo Universal
y en 1866 colabora con otros autores en el libro Escenas de la vida,
colección de cuentos y cuadros de costumbres, editado en Madrid por una
sociedad de autores, entre los que figuraban Juan Eugenio Hartzenbusch,
Antonio Trueba, Eduardo Bustillo, Ventura
Ruiz ...
A partir de este momento y en menos de cinco años José
María de Pereda se consolida como escritor y su nombre empieza
a sonar entre los autores en boga hasta al punto de recibir elogios públicos
como escritor costumbrista.
En su segundo libro, Tipos y paisajes el autor puso especial interés
sobre todo en el relato titulado “Blasones y talegas”.
En abril de 1869, a los veintiséis años, contrae matrimonio con
Diodora de la Revilla, y dos años más tarde,
es presentado en política como candidato a diputado carlista por el distrito
de Cabuérniga donde resultó elegido.
Su participación política en Madrid le sirvió para darse
a conocer, y para darle una experiencia en la mecánica electoral, que
luego vertió en su novela corta Los hombres de pro, incluida en su libro
Bocetos al temple (1876).
Al cesar sus actividades políticas en Madrid deja de escribir. Él
mismo lo cuenta así:
Vuelto a mi casa y más enamorado de la paz de mi hogar que de la
política y que de la literatura tuve que consagrarme por entero a compartir
con mi mujer los cuidados de los niños que a la sazón tenía.
Cuatro o cinco años pasaron entonces in que yo publicara ni escribiera
cosa alguna.
Vuelve a escribir a instancias de Marcelino Menéndez Pelayo
y Gumersindo Laverde. Es entonces cuando se propone publicar
una novela. A partir de este momento comienza su segunda etapa literaria.
En las tertulias ocupaba el puesto principal por su gracia y las agudezas que
vertía en su amena conversación. Fue un buen polemista y un conversador
ingenioso.
Como escritor, tanto en el aspecto personal como en el literario, ofrecía
a sus contemporáneos una imagen singular y muy diferenciadora, y según
Menéndez Pelayo “lo que había de característico
en su estructura mental era incomunicable, y él mismo no hubiera podido
definirlo”. Benito Pérez Galdós destacó
“su personalidad vigorosa” y lo singular de su obra literaria
que le hacía ser diferente a los escritores de su tiempo.
Marcelino Menéndez Pelayo vio en Pereda al mejor representante
contemporáneo de las letras de su tierra natal, le animó a escribir
y salió en defensa suya, realizando la crítica de su obra de una
manera estimulante y aconsejándole no apartarse de los temas locales
de aquel Santander de antaño, en los que sobresalía a través
de unos cuadros y tipos costumbristas, como los de las novelas “Sotileza” y “Pedro
Sánchez”.
La muerte trágica de su hijo primogénito Juan Manuel, en 1893,
supuso una ruptura en el normal desarrollo de la vida del novelista. A duras
penas y gracias a la ayuda de sus amigos y de la familia pudo concluir Peñas
arriba, la novela que estaba escribiendo, en cuyo manuscrito existe una cruz
trazada en la página 18 del capítulo XX que recuerda aquel triste
suceso.
Ya después de esto fue muy difícil animarle a escribir y únicamente
publicó su novela corta “Pachín González”,
basada en un hecho real, la explosión del vapor “Cabo Machichaco”,
atracado en el puerto de Santander con un cargamento de dinamita, en noviembre
de 1893.
En los años posteriores y una vez nombrado Pereda académico dio
prácticamente por terminada su obra literaria. En 1872 había sido
nombrado Correspondiente de la Real Academia Española y en febrero de
1897 leyó el Discurso como miembro de número.
En la primavera de 1904 sufrió un ataque apoplético, y prácticamente
inválido falleció dos años después el 1 de marzo
de 1906.